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Desafíos para el mundo MICE tras la COVID-19: ¿Cuáles serán los viajes necesarios?, ¿Cuáles serán las reuniones y eventos necesariamente presenciales?.

Esta grave pandemia global nos está obligando a repensar modos de vida y, en lo que aquí afecta, a contestar a la pregunta ¿Qué es lo que constituye propiamente un viaje necesario?. También está obligando a considerar modos alternativos de conexión y colaboración profesional, sea con otros colegas o socios.

Me encuentro entre quienes a la hora de pronunciarse sobre cómo abordar la salida de este auténtico desplome que para el turismo mundial ha supuesto la pandemia de la COVID-19, empleo términos como los de “reinicio” o “transformación”. Y los prefiero al de “recuperación”, ya que siendo imprescindible esta última, no resultará suficiente, si su significado se redujese a volver a los  mismos paradigmas y dinámicas preexistentes, es decir, a una “normalidad”  que ya se encontraba antes de la pandemia horadada en muchos de sus pilares esenciales y hasta obsoleta en estructuras, procesos y modelos de gestión.

Las palabras están dotadas de significado y además comprometen. Si apostamos finalmente por la “transformación”, ello implicará la adopción de compromisos firmes y auténticos  por parte de todos los que cuidan y viven de la actividad turística.

En este momento, complejo y a la vez complicado que vivimos en una industria de tanto peso en muchas economías, alguno de sus segmentos, como el agrupado bajo el acrónimo MICE, ha experimentado durante este año grandes caídas en sus tasas de actividad. Al mismo tiempo ha proyectado cambios en sus percepciones y señales de renovación en sus negocios que debemos observar con atención porque nos señalarán la profundidad y horizonte de dichos cambios.

El teletrabajo, una práctica global extendida durante la crisis, no parece que vaya a debilitarse mucho una vez se alcance una cierta normalidad. Hoy las opiniones se dividen entre quienes abogan por la necesidad de la vuelta al trabajo tal y como estaba organizado antes de la COVID-19  y entre quienes se preguntan  por qué no quedarse a trabajar en casa para siempre.

Dentro de este panorama general presidido por la incertidumbre ante  las nuevas formas de trabajar, cada vez son más  las empresas del segmento MICE  que, a la vista de los cambios enormes a los que asistimos y aquellos que se vislumbran,  asumen que todo su modelo de negocio no podrá depender ya de que las personas se reúnan presencialmente.

El mantra de que las interacciones personales y emocionales que ofrecen los contactos personales «cara a cara» resultan decisivos e insustituibles por otros medios, no es una opinión pacífica y admite muchos matices, más aún después de los procesos de aprendizaje que se están experimentando en diferentes actividades, principalmente en el mundo de la enseñanza.

Además, la evaluación de los asistentes a diferentes conferencias desarrolladas cuidadosamente por medios digitales, han acreditado el cumplimiento de objetivos, una alta satisfacción con la experiencia ofrecida y con las características y gestión de las interacciones desarrolladas bajo este formato, que se extiende incluso a los patrocinadores de estos eventos.

Esta grave pandemia global también nos está obligando a repensar modos de vida y, en lo que aquí afecta, a contestar a la pregunta ¿Qué es lo que constituye propiamente un viaje necesario?. También está obligando a considerar modos alternativos de conexión y colaboración profesional, sea con otros colegas o socios.

En un mundo conectado a Internet, la tecnología está avanzando aceleradamente y ya está recreando eventos físicos, ofreciendo innovadoras experiencias a los participantes en eventos virtuales (seminarios, conferencias, reuniones, etc.) , gracias a plataformas en línea y a campos y procesos como  la inteligencia artificial, la realidad virtual, el aprendizaje automático o el desarrollo de tecnologías sociales. Entre otros buenos ejemplos, la empresa española Agente360 virtual events está demostrando capacidad de adaptación y respuesta a los retos que plantea esta nueva encrucijada.

Por otra parte, la crisis climática exige identificar alternativas sostenibles, sobre todo para las grandes conferencias y las reuniones que implican largos vuelos internacionales. Baste citar algún ejemplo: un vuelo de ida a vuelta entre Hong Kong y San Francisco libera más CO2 que el de un ciudadano medio británico durante todo un año.

Las grandes conferencias internacionales  descentralizadas pueden permitir reducciones muy sustanciales en las distancias de los viajes de los participantes y, por consiguiente,  en las emisiones de CO2. El modelo de conferencias justas para un futuro sin emisiones de carbono va a permanecer cada vez más visible a la hora de tomar decisiones por parte de organizadores y de participantes. Resultará absolutamente disparatado reunir p.e.,  conferencias globales con miles de participantes de organizaciones que tratan de fomentar la salud pública pero que, con sus eventos presenciales están contribuyendo objetivamente a dañar el clima y la salud global.

No será sin esfuerzo concertado como se avanzará notablemente en minimizar estas prácticas erráticas e injustas con el planeta. Al mismo tiempo, parece razonable pensar que las inercias para seguir disfrutando de otros beneficios tangibles asociados a los viajes de los participantes y al fomento de sus relaciones sociales y profesionales seguirán siendo poderosas en este tipo de viajeros hipermóviles.

Es bien cierto que las dinámicas de las reuniones y conferencias no son idénticas a las de las ferias y exposiciones comerciales, pero el desarrollo de actividades virtuales durante este tiempo de crisis sanitaria  y la evaluación de las hasta ahora celebradas, ( costes, alcance de las audiencias, analítica de datos más precisa, etc..), parece que nos conducirán a respuestas más flexibles, como p.e.,  a conferencias híbridas que optimicen lo mejor de los formatos virtual y presencial, o a la descentralización de los eventos en distintos lugares o subsedes.

Los viajes corporativos son, sin duda, muy significativos para las aerolineas, la hotelería y la economía turística de los destinos receptores. Esta dimensión no se esfumará de la noche a la mañana a la hora de tomar decisiones. En cualquier caso, entendemos que tanto las empresas como los destinos que aspiren a ser actores relevantes  dentro del subsector MICE deberán preguntarse sobre su misión y sus planes para hacer frente a los cambios emergentes del entorno y, a su vez,  sobre cómo  encontrar alternativas de comunicación y mantenimiento de negocios en un marco digital.

En nuestra opinión, creemos que las decisiones a adoptar ante los eventos tendrían que pivotar  sobre cinco criterios esenciales:

  • Alternativas de transporte y emisiones generadas
  • Eficiencia e impactos socio económicos
  • Costes y financiación
  • Audiencias (Inclusión)
  • Experiencia de la participación y de los contactos virtuales

Quizás en un futuro post-pandemia el propósito, tanto de  los lugares de las conferencias y seminarios presenciales como incluso de aquellos lugares de trabajo en un tiempo nuevo que aventura que “las oficinas ya no estarán en ningún sitio”, será proporcionar espacios de vinculación profesional y social con clientes y colegas,  que fomenten la creatividad, la innovación y el aprendizaje.

Parece claro que, una vez más, las oportunidades llegarán antes para quienes perciban el cambio producido y el que está por llegar. Algunos resumen esta perspectiva en algo más sencillo: que el lugar de trabajo tendrá que ser aquel lugar que ofrezca constantemente todo lo que una videollamada no pueda ofrecer.

Javier Blanco